Hay un país en América Latina que se destaca por su presencia en el sector energético renovable. Se trata de un paso importante en la región que tiene como objetivo mejorar la calidad de la red eléctrica.
Argentina alcanzó más de 7.100 megavatios de potencia instalada a partir de fuentes renovables en el mercado eléctrico mayorista, de acuerdo con cifras oficiales. Este nivel marca un avance significativo para el sector, con más de 460 MW sumados solo en los primeros meses de 2025.
A pesar de este crecimiento, el objetivo de cubrir al menos el 20% de la matriz energética con fuentes limpias aún está lejos de cumplirse, ya que la participación actual supera el 15%, mientras se acerca el vencimiento del plazo establecido por la Ley 27.191.
Este contexto abre el debate sobre los desafíos que aún persisten y la necesidad de definir el futuro marco regulatorio. En este sentido, se anunció una nueva edición de un encuentro clave para la industria energética del país, que reunirá a distintos actores para analizar el camino a seguir.
Desde la aprobación de la normativa en 2015, la capacidad instalada renovable se multiplicó por diez, pero ahora se plantean nuevas interrogantes: la continuidad de la ley, la posible creación de un nuevo esquema legal y el rol del gas como complemento serán temas centrales de discusión durante la cumbre.
En paralelo, se presentó una guía destinada a inversionistas, diseñada para brindar información estratégica a quienes busquen oportunidades en proyectos de energías renovables y minerales esenciales como litio, cobre, hidrógeno y energía solar. Este material ya está disponible para quienes forman parte de la comunidad del evento.
La situación de Argentina en el sector de las energías renovables, según Guillermo Garat
Un decreto difundido recientemente estableció una serie de cambios en la organización del mercado eléctrico mediante ajustes a las leyes vigentes. Con esta medida se establece un entorno orientado a la apertura de la competencia, reduciendo la intervención estatal, fomentando acuerdos entre particulares y permitiendo a los usuarios elegir libremente a su proveedor de energía.
La disposición también contempla la posibilidad de intercambiar electricidad con otros países bajo normas definidas, obliga a una mayor claridad en los cobros y promueve la inversión de capital privado en la red de transporte eléctrico. La implementación será progresiva y se prevé un período de adaptación de dos años.
Desde la perspectiva regulatoria, se destaca que se avance en la modernización del sector. No obstante, surgen interrogantes sobre la factibilidad económica de este modelo, ya que se considera necesario fomentar la competencia y reducir el rol del Estado como principal intermediario. Sin embargo, aún no está claro si existen estímulos suficientes para incrementar la generación eléctrica.
A diferencia del impulso que tuvo el sector hidrocarburífero en zonas de producción intensiva, se advierte que esa dinámica no puede trasladarse de forma automática al sistema de generación eléctrica.
Para lograr avances en infraestructura de transporte, es fundamental que existan incentivos para aumentar tanto la oferta como la demanda de energía. Si no se consolida una reactivación en la actividad industrial y comercial, los incentivos para ampliar la generación seguirán siendo limitados.
En cuanto a las energías renovables, el panorama es prometedor por el potencial de fuentes como la eólica y la solar, que cuentan con altos niveles de aprovechamiento. Sin embargo, la cuestión económica todavía favorece a las opciones térmicas tradicionales. Aun así, un crecimiento en la capacidad renovable podría contribuir a una baja de costos en el futuro, aunque esa posibilidad aún se percibe lejana.
Finalmente, la norma contempla distintas vías para impulsar la infraestructura de transporte eléctrico mediante la participación privada, promoviendo iniciativas que asuman riesgos propios.
Para atraer inversiones de este tipo se necesitan condiciones regulatorias estables y garantías económicas que aseguren previsibilidad, al menos hasta que se logre recuperar lo invertido. Esto dependerá también de futuras definiciones y precisiones que complementen el marco legal actual.
¿Cuáles son las energías renovables de Argentina?
En el país, las fuentes renovables más utilizadas son la energía del viento, la solar, la hidroeléctrica de menor escala y la biomasa. El viento en la región patagónica impulsa la generación eólica, que representa la mayor parte de la producción renovable.
En el norte, la radiación solar favorece la instalación de paneles, mientras que los residuos agrícolas y forestales se convierten en biomasa para generar electricidad.
Para sostener el avance en este sector, es fundamental resolver limitaciones como la capacidad de transporte de la electricidad generada, la necesidad de más inversiones y la naturaleza intermitente de estas fuentes, ya que dependen de factores climáticos que no se pueden controlar.
El crecimiento de estas alternativas limpias fue significativo y muestra un potencial clave para modificar la forma en que se produce y consume energía. Aun así, es indispensable reforzar los esfuerzos para ampliar su alcance y lograr una transición energética más sólida y responsable.
