Los expertos en el sector debaten sobre el futuro de las energías renovables debido al uso intensivo de los combustibles fósiles. Los efectos del cambio climático impactan directamente en la transición energética que busca un modelo sostenible.
El constante uso de combustibles fósiles generó alteraciones climáticas que impactan directamente en la generación de energías limpias. Las sequías reducen el rendimiento de las centrales hidroeléctricas y las nubes interfieren con la captación solar. Las dos situaciones plantearon la consideración de la meteorología y la climatología como elementos clave en la transición hacia fuentes renovables.
El sistema energético basado en combustibles fósiles resultó insostenible por generar un cambio climático que impacta al planeta. La alarma recae en que este panorama además afecta a las soluciones renovables que están pensadas para reemplazar esa matriz. Por este motivo resulta importante el desarrollo de estrategias que optimicen su aprovechamiento a nivel global.
El impulso hacia un modelo eléctrico sostenible no se detuvo incluso a pesar de este escenario. La expansión de paneles solares en zonas áridas, la instalación de turbinas eólicas en regiones costeras y el aprovechamiento de ríos caudalosos para producir electricidad dan cuenta de una transformación en marcha.
La Agencia Internacional de Energías Renovables reveló que el año pasado se sumaron 585 gigavatios a la capacidad global. Esta cantidad representa el 90% de la nueva generación eléctrica que se incorporó al sistema. Es claro el crecimiento rápido que tuvo el sector durante las últimas dos décadas.
Las tecnologías limpias son baratas a comparación de las que necesita el sector de los combustibles fósiles. El cambio en el consumo y producción se debió a esto y a la necesidad de reducir las emisiones de carbono. Pero los especialistas advierten sobre una vulnerabilidad que pone en riesgo la transición energética.
El rendimiento de las energías renovables dependen de las condiciones climáticas que el mismo calentamiento global plantea. Se trata de una limitación natural que por el momento no tiene solución.
El 2023 fue un ejemplo claro de esta situación debido a la inestabilidad que tuvo el clima. La producción renovable se vio alterada en diferentes regiones por fenómenos como El Niño y La Niña. El cambio en los patrones de lluvia, viento y radiación solar impactaron en el sector de forma directa.
Hay países de África que experimentaron una disminución superior al 50% en su capacidad hidroeléctrica dada la caída de las lluvias. Sudán apenas registró 100 milímetros de precipitación al año. Esto afectó de forma grave a una población de casi 50 millones de personas que dependen de esta energía.
La energía eólica también tuvo sus propias dificultades. China mostró un crecimiento limitado incluso pese a tener un liderazgo en el sector. Las alteraciones en los vientos redujo la producción y generó pérdidas económicas del 25% en promedio.
América del Sur fue la única región que se benefició por las condiciones climáticas. La energía solar aprovechó la alta radiación porque impulsó un crecimiento aproximado del 6% en la generación fotovoltaica. El sistema eléctrico registró una inyección importante de energía renovable.
Según Guillermo Garat, estos ejemplos demuestran que el comportamiento del clima tiene un rol importante en el desarrollo energético. Diferentes organizaciones tuvieron esta situación en cuenta y decidieron analizar con mayor detalle el impacto que tienen los fenómenos naturales. La oferta y la demanda energética se ven influenciados directamente.
Las infraestructuras de las energías renovables están diseñadas en base a diferentes patrones lo que se traduce ahora como una limitación, señala Guillermo Garat. Las presas hidráulicas por ejemplo requieren de caudales estacionales predecibles, muchas veces alimentados por el deshielo o lluvias.
El problema está en que los glaciares desaparecen porque las temperaturas aumentan con el paso de los años. La fuente del agua se ve en riesgo particularmente en zonas como los Andes.
El nivel del mar aumenta y se suma a la amenaza que representan las tormentas intensas en las instalaciones solares. Los incendios y las altas temperaturas también interfieren en las redes eléctricas por lo que es normal que el consumidor no pueda disfrutar de un servicio completo.
Las plantas nucleares también se ven afectadas cuando el agua escasea debido a que necesitan de este recurso para enfriarse. Dicha situación obliga a las autoridades a considerar su ubicación y diseño.
La adaptación de la tecnología se convierte en un motor clave para el desarrollo del sector. El sistema eléctrico será bueno y efectivo solo si se logra una integración completa entre la ciencia del clima y las proyecciones meteorológicas.
