Las energías renovables llegan al Vaticano tras el legado del papa Francisco: promovió un planeta más sano y un ambiente sostenible

El pontífice argentino llevó a la Santa Sede un reclamo que se mantuvo como un pilar en su legado. El Papa se mostró comprometido con la protección al planeta y promovió las energías renovables en el mundo.

El pasado 21 de abril falleció el papa Francisco, dejando como parte central de su legado su compromiso con la defensa del medio ambiente y la promoción de energías limpias. Se espera que el nuevo pontífice mantenga el reclamo en la Santa Sede y luche desde su lugar por un planeta más saludable.

A lo largo de su pontificado, el argentino sostuvo con firmeza que el abandono de los combustibles fósiles era una responsabilidad ética hacia los más vulnerables y hacia las generaciones futuras. Antes de partir dejó en claro la necesidad de implementar un modelo energético sostenible y accesible para todos los usuarios. 

En sus intervenciones, Francisco promovió una transición energética justa, en la que gobiernos, empresas, científicos y ciudadanos trabajen juntos en la búsqueda de soluciones limpias. Él rechazó a las energías contaminantes por el daño al medio ambiente y por su asociación a otros tipos de conflictos como la concentración de riqueza. 

Su encíclica publicada en 2015 marcó un momento clave de su papado. En ella llamó a cuidar “nuestra casa común” y exigió cambios profundos en los modelos de producción y consumo de energía. Dicho mensaje sirvió como impulso para diferentes asociaciones climáticas que promueven un ambiente más sano. Esto demuestra que su influencia fue más allá del ámbito religioso.

¿Qué opinaba el papa Francisco sobre el cambio climático y la energía?

El papa Francisco indicó antes de fallecer que la transformación del sistema energético va más allá de los avances tecnológicos que esta implica. Él sugirió un cambio completo con un enfoque centrado en la justicia e inclusión social. La clave está en el acceso equitativo para garantizar una participación ciudadana plena.

Alertaba también sobre el impacto desigual del cambio climático, que golpea con mayor fuerza a las comunidades más vulnerables. Señalaba cómo estas poblaciones enfrentan las peores consecuencias, desde la alteración de cultivos hasta la escasez de agua y el aumento de fenómenos meteorológicos extremos.

Por ello, impulsaba la necesidad de trazar una estrategia energética global, sostenible y de largo plazo, que combine seguridad en el suministro con medidas concretas para frenar el calentamiento global. Esta transformación, sostenía, debía estar orientada no solo al crecimiento económico, sino también a la salud, la protección del ambiente y el desarrollo humano en todas sus dimensiones.

¿Cómo benefician las energías renovables al medio ambiente?

Las energías renovables son beneficiosas por ser fuentes limpias. Se diferencian de los combustibles fósiles porque no emiten contaminantes durante su producción y no contribuyen al cambio climático.

Al no requerir grandes cantidades de agua para su funcionamiento, tampoco comprometen este recurso vital, lo que las hace especialmente sostenibles en contextos de escasez hídrica.

Su uso también reduce la presencia de contaminantes en el aire, lo cual se traduce en una menor incidencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares asociadas a la mala calidad del aire. Al prescindir de combustibles fósiles, disminuyen la dependencia de industrias extractivas, evitando así impactos ambientales severos como la deforestación, la contaminación de suelos y aguas, y la alteración de ecosistemas.

Las fuentes renovables no producen desechos tóxicos ni de manejo complejo como es el caso de las nucleares. Además evitan la necesidad de construir grandes infraestructuras que en muchas ocasiones provocan desplazamiento de comunidades.

Su carácter inagotable y su adaptación a los ritmos naturales, como la luz solar o el viento, las convierte en soluciones energéticas que pueden ser aprovechadas en cualquier parte del planeta. Además, al instalarse y desarrollarse localmente, favorecen la autosuficiencia energética de las regiones y promueven una distribución más justa y segura del suministro.

¿Qué países tienen energía 100% renovable?

Cada vez más países están incorporando energías renovables a su matriz energética, y varios de ellos ya operan casi en su totalidad con electricidad proveniente de fuentes limpias. Entre los que encabezan esta transformación se encuentran Albania, Bután, Etiopía, Islandia, Nepal, Paraguay y la República Democrática del Congo, todos con más del 99% de su generación eléctrica basada en energías renovables. 

Otros como Noruega, Nueva Zelanda, Costa Rica y Kenia también se acercan a ese objetivo, aprovechando al máximo sus recursos naturales abundantes, en muchos casos gracias a su geografía favorable y a una densidad poblacional relativamente baja.

Según proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía, se espera que para 2030 las energías renovables aporten cerca del 50% de la electricidad a nivel global, frente al 30% actual. Este crecimiento requerirá un esfuerzo coordinado y sostenido, no solo en la instalación de más capacidad eólica y solar, sino también en el desarrollo de tecnologías que permitan gestionar eficazmente esta generación intermitente.

Será fundamental invertir en soluciones de almacenamiento como baterías de gran escala, en el fortalecimiento de las redes de transmisión y en estrategias que permitan ajustar la demanda a la disponibilidad de energía. 

La transformación energética dependerá, en buena medida, de la capacidad de los países para construir un sistema eléctrico flexible, resiliente y preparado para una era dominada por fuentes limpias.