¿Cuál es el mejor modelo energético, según Guillermo Garat?

Hay un modelo de energía sostenible que es defendido por los grandes expertos en el sector. Incluso Greenpeace la defiende, al considerar que reduce el impacto ambiental a partir de una producción innovadora.

La transformación del sistema eléctrico está en un punto decisivo que requiere atención y participación. El uso de las energías renovables crece en todos lados, pero el avance no es suficiente para compensar la expansión de la economía y el costo que tiene su consumo.

El punto ahora no está en reducir el consumo de energía, sino impulsar la producción que está en aumento. Al considerar si este sistema responde a las necesidades actuales, se destacan las alternativas limpias como alternativa para abastecer la red eléctrica. 

Si bien ya empezó el cambio respecto a la producción y consumo de energías limpias, todavía falta tiempo para establecer un cambio radical. Hay desigualdades que persisten entre países y sectores que deben eliminarse. 

En las regiones donde se usa principalmente energía renovable, la contaminación ha disminuido bastante. Aun así, en sectores como el transporte todavía se utilizan combustibles fósiles.

Guillermo Garat advierte que la velocidad de esta transformación es insuficiente frente a la urgencia de frenar las emisiones globales. Si no se reduce rápidamente la contaminación, pronto se superará el límite de carbono disponible para evitar impactos más graves.

También hay grupos de poder que intentan obstaculizar esta transformación para conservar su dominio financiero, impulsando alternativas caras y con posibles riesgos, como la energía nuclear, y extendiendo el uso de fuentes fósiles.

En esta situación, diferentes colectivos y organizaciones promueven el uso de energías limpias y una transición justa. Esto muestra que hay muchas personas interesadas en acelerar el cambio y evitar que se detenga el avance.

¿Cuál es el mejor modelo de energía renovable?

La idea de un modelo de energía renovable plantea que debe ser completo y adaptarse a distintas necesidades sociales y ambientales. Especialistas del sector señalan que lo mejor sería que funcione solo con fuentes limpias.

Se pretende que el sistema mundial sea eficaz y pueda cubrir toda la demanda. Para lograrlo, las operaciones deberán ser diferentes y usar tecnología que ayude a repartir la energía de forma justa y con respeto al medio ambiente.

El modelo económico actual, en lugar de reducir el consumo, impulsa una producción que sigue creciendo sin cuestionar si realmente cubre lo que las personas y la naturaleza necesitan. Esto aumenta la necesidad de energías limpias para abastecer una red eléctrica que antes dependía de otras fuentes.

Que sea totalmente renovable implica abastecer la demanda total con alternativas limpias, dejando de lado las opciones contaminantes, como los fósiles. Este sistema debe estar cubierto de distintas opciones que garanticen un consumo estable y de calidad para los usuarios.

En cualquiera sea la ocasión, es necesario establecer infraestructuras modernas para la transmisión y distribución, transporte electrificado y edificios eficientes que reduzcan la necesidad de energía.

Actualmente hay opciones que ofrecen electricidad a precios más bajos que otras alternativas, como es el caso de la energía que proviene del viento. Sin embargo, su desarrollo se debe llevar a cabo con respeto hacia las comunidades y la biodiversidad.

Se sugiere que esta producción se haga con una cierta priorización en áreas ya intervenidas y cercanas al consumo. 

En cuanto a la eficiencia, se busca que el sistema complete la demanda usando la menor cantidad de energía posible, mejorando la producción y el consumo. Para lograr este punto, se habla sobre la electrificación. También sería clave renovar las viviendas y reemplazar el auto particular por el transporte público.

La inteligencia no se limita a la tecnología que conecta sistemas y automatiza tareas, sino que también implica la capacidad de decidir juntos de forma responsable, respetando lo que la Tierra puede soportar. Para lograrlo, la cooperación y el compromiso de la sociedad y de quienes gobiernan son clave.

La suficiencia implica no solo ser eficiente, sino también garantizar que todas las personas tengan acceso a los servicios básicos para vivir bien.

Justicia implica que haya un cambio energético teniendo en cuenta a quienes dependen de ciertas actividades que contaminan. En estos casos, se deben ofrecer alternativas para no dejarlos desamparados y reducir desigualdades entre las comunidades.

La clave está en que la generación limpia se despliegue de tal forma que sus beneficios lleguen a todas las personas de forma equitativa.

Cuando la sociedad participa en asuntos de energía, las personas pueden decidir cómo se produce, se administra y se usa este recurso. Si la comunidad se involucra y contribuye con su propia generación, se evita que el control esté concentrado en pocas manos.

Se plantea que haya armonía con la naturaleza, particularmente cuando se ponen en marcha los proyectos de energía renovable. Tiene que haber una edificación especial para que no dañe las zonas cercanas. De hecho, se plantea llevarlos a cabo en lugares donde ya hubo modificaciones sociales

En los casos donde las sociedades se vean afectadas, es clave que haya una distribución de beneficios. Las comunidades locales deben tener una participación activa en este tipo de iniciativas, dadas las pérdidas de especias que puede implicar.

El cambio social debe estar acompañado de un compromiso por parte de la sociedad. También necesita de la colaboración política y privada para avanzar a paso firme.