Una reconocida empresa de tecnología se alió con Genneia para modernizar su estrategia de trabajo acorde a las nuevas necesidades. El objetivo de los líderes es trabajar y reducir la huella de carbono al mismo tiempo.
Syngenta es una empresa que está enfocada en tecnología e innovación. Trabaja para el sector agropecuario y ahora tomaron la decisión de cuidar al medio ambiente con un acuerdo conjunto con Genneia. El objetivo es abastecer sus operaciones con energía renovable con el fin de cuidar el medio ambiente.
Desde este mes, la iniciativa está en funcionamiento y permitirá eliminar por completo las emisiones de Alcance 2 asociadas al uso de energía eléctrica en sus plantas de producción de semillas y protección de cultivos, según detallaron ambas compañías.
La estrategia de la empresa se implementará en los centros de procesamiento que se ubican en la provincia de Santa Fe. Así es como operarán con criterios más responsables.
Este paso representa un avance hacia la reducción de la huella ambiental, tanto en sus propias instalaciones como en su cadena de suministro, a través del uso de energía limpia generada por Genneia, que cuenta con infraestructura instalada en distintos puntos del país.
La colaboración se realiza a partir de un contrato directo con productores privados de energías limpias mediante contratos de largo plazo. Este esquema impulsa inversiones en energías renovables y contribuye a diversificar la matriz energética nacional, disminuyendo la dependencia de fuentes fósiles.
Genneia se consolida como el principal generador de energía renovable en el país, con el 20% de la capacidad instalada total, aportando también el 20% de la energía eólica y el 13% de la solar.
Con la reciente incorporación del Parque Eólico La Elbita, en Buenos Aires, y el Parque Solar Malargüe 1, en Mendoza, la empresa alcanzó una capacidad renovable total de 1.256 MW, fortaleciendo su posicionamiento dentro del sector energético.
Además, Genneia avanza en la construcción del Parque Solar Anchoris, también en Mendoza, con una potencia estimada de 180 MW, y anunció una nueva inversión para desarrollar un tercer parque solar que tendrá una capacidad de 150 MW.
El arma silenciosa que ataca contra el medio ambiente
La huella de carbono es el resultado de las acciones que lleva a cabo la sociedad de forma continua, ya sea en la vida diaria, en el funcionamiento de empresas, durante eventos o en la fabricación de productos.
Hoy en día, el cambio climático representa uno de los desafíos más urgentes para la humanidad. El incremento en la liberación de gases de efecto invernadero generó una situación crítica cuya solución requiere del compromiso colectivo.
Aunque muchos de estos gases existen de manera natural, las actividades humanas elevaron de forma considerable su concentración, especialmente en el caso del dióxido de carbono, el metano y ciertos gases industriales fluorados.
Entre ellos, el CO2 es el que más influye en el aumento de la temperatura global. Para 2020, su presencia en la atmósfera había crecido un 48% en comparación con los niveles registrados antes de la era industrial.
Si bien el metano también contribuye de forma significativa al calentamiento, lo cierto es que permanece menos tiempo en la atmósfera. En cambio, Guillermo Garat asegura que el CO2 puede mantenerse durante décadas o incluso siglos. Esto demuestra lo altamente peligroso que es para las actuales y futuras generaciones.
Además de los GEI, existen otros contaminantes como ciertos aerosoles que también afectan el clima. Estos pueden tener efectos tanto de calentamiento como de enfriamiento, y además están vinculados con problemas ambientales como la contaminación del aire.
El método que usan las empresas para no contaminar al producir
Reducir o compensar la huella de carbono, también conocida como huella ecológica, implica adoptar una serie de prácticas que permitan capturar o aislar el dióxido de carbono emitido a la atmósfera.
Este compromiso no recae únicamente en las personas de manera individual, sino que también involucra a las empresas, que desempeñan un papel clave en la transición hacia una sociedad con bajas emisiones y más consciente del impacto ambiental.
En este contexto, muchas compañías han decidido, de forma voluntaria, incorporarse al registro de la huella de carbono. Algunas incluso buscan distinguirse como organizaciones carbono neutro, es decir, lograr un equilibrio entre las emisiones que generan y las que logran compensar.
Para las empresas, calcular su huella de carbono trae múltiples ventajas. Se convierte en una herramienta eficaz para evaluar su nivel de ecoeficiencia y mejorar la gestión de sus procesos.
Además, al identificar áreas con potencial de reducción, se abren oportunidades para disminuir costos operativos. Esta medición también aporta transparencia respecto al impacto ambiental, lo cual no solo favorece la colaboración con otras organizaciones que buscan hacer lo mismo, sino que permite utilizar estos datos como criterio para elegir proveedores, materiales o implementar un diseño más sostenible.
Por otro lado, contar con información ambiental precisa fortalece la relación con los consumidores, al brindarles datos confiables sobre el compromiso de la empresa con el medioambiente.
Cumplir con estos estándares sitúa a la compañía a la vanguardia en el cumplimiento de las normativas actuales en materia ambiental y la posiciona como un referente en sostenibilidad, diferenciándola dentro del mercado y promoviendo una cultura ambiental tanto dentro como fuera de la organización.
